Saber envejecer


Saber envejecer

Envejecer muchas veces se asocia con perder. En parte es cierto porque con la vejez experimentamos cambios biológicos que siguen siendo irremediables pero el error está en pensar que todo es pérdida o que solo se pierde. La vejez es una etapa más del desarrollo, por tanto, aunque haya pérdidas también hay capacidades que siguen preservadas y hay otras que aumentan. El reto que se nos presenta es aprender y saber envejecer de forma satisfactoria teniendo esto en cuenta.

 

Muchas de las dificultades de la edad tienen un importante componente ambiental y comportamental. Es decir, lo que hacemos, nuestra forma de comportarnos, nuestros estilos de vida repercuten en nuestra salud física y mental.

Lo que significa, y es una buena noticia, es que es algo que se puede cambiar y que el cambio está en nuestras manos.

Estudios sobre el envejecimiento satisfactorio han señalado cuatro mecanismos que nos ayudan a conseguirlo:

  • Normalización: las personas envejecemos como hemos vivido, por tanto, resulta beneficioso y adaptativo mantener nuestras condiciones habituales (nuestra casa, nuestros entretenimientos, nuestros amigos, etc.).
  • Selección: durante toda nuestra vida elegimos y esto sigue ocurriendo en la vejez por lo que hay que procurar elegir lo que resulte saludable como por ejemplo seguir en contacto con los amigos.
  • Optimización: nuestras potencialidades son nuestro apoyo así que desarrollémoslas al máximo. Si te gusta leer trata de leer más o atrévete a escribir un breve relato.
  • Compensación: si hay un déficit, una enfermedad o accidente hay que buscar la forma de compensarlo. Si existen problemas de vista u oído consigamos cuanto antes unas gafas o el audífono.

 

“Si me he comportado así toda mi vida, ¿cómo voy a cambiar ahora?”

Cuando hablamos de un cambio en nuestra forma de comportarnos esta es una pregunta que aparece con frecuencia y vamos a tratar de responder.

Para poder conseguir más fácil el cambio, lo primero es que tenemos que estar bien informados. Saber qué implican mis hábitos de vida y qué conseguiría si los cambiara. Si tenemos información, o mucho mejor si hemos experimentado los efectos de nuestro comportamiento, podemos influir en nuestras actitudes sobre el cambio (los “no puedo, “lo he intentado”, “ya no estoy para eso”). Si lo contrastamos con la realidad, si probamos a hacer cosas que no hacíamos podemos ver si son exageraciones que no se ajustan a la realidad y que solo consiguen inmovilizarnos.

En el momento en que decidamos introducir una nueva conducta en nuestra rutina empezaremos poco a poco. Si asociamos el cambio a poco esfuerzo es más probable que se produzca. Por ejemplo si para practicar ejercicio pienso que tengo que estar durante dos horas metido en un gimnasio es muy probable que no lo haga pero si empiezo dando un paseo al aire libre ya no parece tan difícil. Si a esto además le añadimos que vamos a pensar en los beneficios que conlleva y nos vamos a dar un premio al llevarlo a cabo la nueva conducta pasará pronto a ser una rutina.

Puede que otras veces también tengamos que eliminar una conducta perjudicial. En ese caso la mejor forma de motivación es escribir los beneficios que nos supone a medio y largo plazo, describiéndolos con detalle y llevarlos con nosotros para que en momentos en de flaqueza podemos recurrir a ellos. Si conseguimos no llevar a cabo esa conducta también nos merecemos un premio. También es una buena idea contarlo a los demás para que valoren nuestro esfuerzo y nos apoyen en nuestro cambio.

En ocasiones, cuando nos proponemos un cambio empezamos con ganas e ilusión pero la falta de planificación y la falta de evaluación del esfuerzo hace que aparezca la frustración y que al final lo dejemos. Hacer un plan de vida, establecer nuestros objetivos y metas podrá servirnos de guía a la hora de planificar qué es lo que nos gustaría conseguir, cómo hacerlo y para después poder evaluar si lo hemos conseguido. Establecer y escribir nuestros objetivos a corto y medio plazo nos ayudará ver nuestra evolución, ver cómo lo podemos hacer mejor y premiarnos por lo conseguido.

El cambio depende de nosotros, si damos el primer paso y seguimos a pesar de las circunstancias el éxito llegará.

Si tiene cualquier duda o comentario puede ponerse en contacto con nosotros.

 

Fuente consultada:

Rocío Fernández- Ballesteros (2002) “Envejecer bien. Qué es y cómo lograrlo.” Madrid: Pirámide.

Escrito por mateusz.k