Objetivo: final de curso. Decálogo para padres interesados en superarlo.


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Mayo y junio son dos meses intensos para niños y padres. El final de curso se acerca pisando los talones a la tan conocida época de exámenes, graduaciones escolares, recuperaciones de complicadas asignaturas y de, incluso, planificaciones iniciales del verano.

Como corredores de una carrera de fondo, estudiantes y familiares, vislumbran por fin la meta. Sin embargo, su deseo de sobrepasarla con éxito, les hace tropezar a veces antes de alcanzarla. Los agobios, las prisas y los nervios se apoderan de los niños y sus padres en el momento de dar el “sprint” final, de realizar el último esfuerzo para superar un circuito tan costoso como es el curso académico.

Es obvio que todos quieren poder subir al pódium satisfechos con el resultado y sin demasiadas tareas para el verano; pero quizás sea importante saber que el ritmo frenético y la presión que se concentran en sus aulas y hogares no son de mucha ayuda.

¿Qué pueden hacer los padres para ayudarles?

  1. Ser conscientes de que los niños se encuentran ante una situación estresante y reaccionarán ante ella de modos diferentes: con frecuentes y rápidos cambios de humor, llantos, irascibilidad, desmotivación, miedo al fracaso, rechazo hacia las asignaturas o el colegio, falta de interés, cansancio, desidia… Esto no quiere decir que haya que consentir todos los comportamientos inadecuados que se produzcan, pero habrá ocasiones que estén dentro de los límites de lo tolerable y en las que, con un poco de paciencia, baste con recordar que se trata simplemente de una breve racha y que no merece la pena concederle más importancia.
  2. Buscar y transmitirles la calma que necesitan, respetando su rutina, espacio y tiempo de estudio, tratando de no concentrar otras muchas actividades o tareas que les incumban en esos mismos días. No obstante, también es fundamental ayudarles a encontrar algunos momentos de descanso y desconexión.
  3. Actuar como apoyo pero sin caer en el error de convertirse en un agente de control que añada tensión a los niños. En la mayoría de los casos, son ellos mismos los que se exigen conseguir sus objetivos. De nada bueno sirve que se les marquen notas mínimas por encima del aprobado, ya que esto solo aumentará sus niveles de estrés y les proporcionará un motivo más por el que preocuparse. Tampoco se les debe comparar con otros compañeros, amigos o hermanos con respecto a las notas o las asignaturas superadas, pues esto les alejará de la confianza en sí mismos y de su autoestima.
  4. Cuidar sus hábitos de alimentación y de sueño. Es normal que algunos niños durante estos meses tengan dificultades para dormir y comer como acostumbran a hacerlo en circunstancias normales. Sin embargo, es indispensable respetar las horas destinadas a ello. Quitar tiempo de sueño para estudiar no produce buenos resultados, sino todo lo contrario. Solo durmiendo las horas necesarias se consiguen asimilar y memorizar los nuevos conceptos. Del mismo modo, los nutrientes que ingerimos son los que permiten un buen estado del cuerpo y de la mente, por lo que “picar” cualquier cosa mientras se estudia, tampoco es buena opción.
  5. Hablar y explicar a los niños lo que verdaderamente importa. La clave está en el esfuerzo realizado y no tanto en el resultado final. Muchos niños necesitan escuchar esta frase para tranquilizarse y no sumarse más presiones a las que ya tienen. Hay que valorar su empeño y trabajo diario, independientemente de lo que ocurra con el examen o la nota media de la asignatura.
  6. Animarles cuando algo va mal o parece que no va a salir según lo esperado. Más eficaz que regañarles es debatir con ellos lo que ha podido ocurrir y tratar de buscar soluciones. Es relevante que aprendan a concebir los fracasos como nuevas oportunidades y que no se lamenten continuamente o se frustren por no haberlo conseguido a la primera.
  7. Reforzar las buenas actitudes y los comportamientos que demuestran su dedicación y esfuerzo. Tiene más sentido elogiarles y premiarles atendiendo a este criterio que al de los resultados finales como pueden ser las notas numéricas de cada asignatura. Probablemente haya habido más trabajo para conseguir el cinco de una asignatura “complicada” según el niño, que el sobresaliente en una de las que son fáciles para él.
  8. Olvidar los grandes sermones y los desmesurados castigos cuando se muestra resistencia al estudio y más, dentro del período de exámenes. Si se aplica alguna sanción se debe ser muy cuidadoso de que no sea algo desproporcionado. En ese caso los niños podrían sentir que ya no merece la pena intentar “remontar” o cambiar su comportamiento y actitud. La asertividad será la mejor herramienta para enfrentarse a este problema.
  9. Aumentar su confianza. Esto se logra cambiando los pensamientos negativos y pesimistas por otros más realistas. Si los niños dicen frases como “siempre suspendo” o “no voy a superar el curso”, lo mejor es ayudarles a recordar otras situaciones similares que se solucionaron exitosamente. Así se darán cuenta de que no tiene por qué ocurrir lo peor. También es muy positivo enseñarles técnicas de relajación para dotarles de estrategias útiles que les funcionen y les aporten seguridad.
  10. Mostrar empatía. No subestimar sus preocupaciones y tratar de comprender su punto de vista. Solo así, será posible ofrecerles un nuevo enfoque más beneficioso para ellos. Hay que recordar que no estamos tratando con otros adultos y que los niños plantearán las situaciones desde su propia perspectiva. Seguro que agradecerán la capacidad de introducirse en su mundo y que la comunicación se mantenga dentro de su nivel de entendimiento. Es mucho más sencillo y justo que esperar a que sean ellos los que se adapten a la realidad de los adultos. Pues, al fin y al cabo, todos hemos sido niños alguna vez.

Referencias:

Aula Planeta (2014). Como ayudar a tus hijos a afrontar el fin de curso y los exámenes.

The Parent Institute (2004). Guía para los Padres: cómo ayudar a los niños a rendir mejor en los exámenes.

Escrito por alba.mejia