Malas noticias, cómo darlas


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Dar una mala noticia, ya sea comunicar una enfermedad, muerte, desaparición, etc., siempre es una tarea complicada. Comúnmente no nos sentimos preparados para enfrentarnos a la situación: qué decir, cómo hacerlo, cuál será su reacción, etc. Para saber cómo afrontar estas situaciones es conveniente plantearse antes ciertas cuestiones.

 

 

  1. ¿Somos la persona indicada para darla?

Es conveniente preguntarnos si debemos ser nosotros los que informen de la mala noticia. Hay que pararse a pensar si hay alguna alternativa mejor, en ocasiones es preferible capacitar o enseñar a una persona más adecuada. En el caso de ser un profesional, debemos considerar si nuestro rol laboral debe incluir este tipo de acciones.

  1. ¿Cómo me encuentro yo?

Siempre hay que detenerse y observar que sentimientos genera en nosotros la noticia. Somos uno de los dos agentes implicados en el proceso de dar la comunicación, y por tanto, es importante aceptar posibles pensamientos o reacciones emocionales que surjan en nosotros mismos. Si estamos demasiado implicados emocionalmente con la información, podemos volver plantearnos si somos la persona más preparada para darla.

  1. ¿Cómo puede reaccionar el otro?

La anterior pregunta nos puede ayudar a imaginar y anticipar una posible respuesta por parte del otro. Debemos estar preparados para ciertos comportamientos que puedan surgir y, por tanto, planear previamente unas respuestas adecuadas.

Es importante no reaccionar negativamente si la otra persona se enfada sin sentido aparente o nos culpa de lo ocurrido.

  1. ¿Cuándo y dónde?

Para evitar un mayor impacto emocional, es adecuado elegir un momento que no sea especialmente tenso o en el que la persona no esté extremadamente excitada. Si esto no es posible por diversas circunstancias, deja claro desde el principio que tienes algo importante que decir. Debemos evitar dar rodeos y empezar hablando de otra cosa.

El contexto en el que vayas a dar la mala noticia debería no tener distractores y ser tranquilo. De este modo, la comunicación será más fluida y no habrá estresores ambientales. No hace falta buscar un lugar alejado ya que esto alargará la espera y aumentará la impaciencia del receptor.

  1. ¿Qué tengo que decir?

Debemos comenzar directamente hablando de lo ocurrido, sin andar con evasivas. No obstante, es adecuado que transcurran unos pocos segundos entre que empiezas a hablar y el momento en el que se nombra la peor parte de la noticia.

Es importante utilizar un lenguaje neutro y dar información objetiva. No debemos caer en la trampa de dar nuestro punto de vista previamente formulado, ya que esto puede ser un intento inadecuado de dar un mensaje más optimista que la realidad. Es un momento muy importante, por lo que la sinceridad y la transparencia son esenciales.

  1. ¿Cómo debe ser mi lenguaje no verbal?

Tan importante como el qué decir es el cómo hacerlo. Debemos estar cerca a la hora de comunicar la noticia. Queremos favorecer que se sienta confortada y estar en disposición de poder prestar ayuda si la necesita. Es mejor que no haya ningún mueble entre medias, a poder ser, es mejor estar sentados sin que ninguno esté en una altura diferente del otro. Estar sentado permitirá, que en caso de desmayo o pérdida de fuerza momentánea, la persona no caiga al suelo.

A no ser que seamos alguien muy cercano, es preferible no tocarla con la mano o el brazo justo antes de darle la noticia, ya que esto puede aumentar la ansiedad y provoque una pérdida de la concentración. Si lo creemos conveniente, después de haber dado la noticia podemos confortar mediante el contacto físico, respetando y adecuándonos a la reacción del otro.

 

Como conclusión, no podemos olvidar que las malas noticias causan malestar, tanto en la persona que la recibe como en la que la da. Por tanto, no debemos huir, es importante favorecer que la otra persona sea capaz de canalizar las emociones surgidas.

Escrito por santos.solano