La música: ¿regula nuestras emociones?


La música ll137410893512oraeva existiendo desde épocas inmemorables y nos acompaña en diversas y numerosas ocasiones a lo largo de nuestras vidas. Aunque el modo de escucharla ha ido variando según los avances en las nuevas tecnologías, los motivos que nos conducen a tenerla presente siguen siendo los mismos.

 

La música es una expresión de emociones, sentimientos, pensamientos, ideas, etc. que nos hacen en muchas ocasiones “evadirnos” de la realidad e introducirnos dentro de nuestro mundo interior. Existe evidencia suficiente de que la música puede ayudarnos a ver las cosas de una manera distinta, sobre todo en las situaciones más complicadas de nuestra existencia, y a afrontar la vida de otra manera. Emociones como la apatía, el aburrimiento, la soledad o el miedo pueden combatirse mediante la expresión melódica. La música nos anima, nos divierte, nos hace entretenernos. Todas las personas desde los albores de la humanidad, han necesitado bailar al ritmo y al compás de los sonidos, sea la manera que fuese la de producirlos.

 

Sin duda, la música puede inyectarse dentro de nosotros mismos e influir en nuestros estados de ánimo. Y es que de hecho, puede inducirnos a un estado de ánimo lleno de positividad como han demostrado algunos experimentos realizados en los últimos años. Por ejemplo, en una investigación realizada por la Universidad de Tel-Aviv en el año 2011, los psicólogos que llevaron a cabo la  misma llegaron a la conclusión de que las personas que escuchaban música disfrutaban de emociones más positivas y tenían una predisposición más confiada en el futuro. La supresión de estados de ánimo negativos, como forma complementaria a la positividad puede ayudarnos a regular sentimientos que nos producen pena, nostalgia, tristeza… facilitando la superación de  esos momentos y el afrontamiento de  nuestro día a día. En definitiva, la música reduce el “dolor de la vida” y actúa como una especie de antídoto del que no podemos prescindir.

 

Las relaciones personales se facilitan de una manera importante. La música constituye un nexo de unión entre las personas que comparten determinados gustos, ideales o aficiones facilitando la expresión emocional de determinados sentimientos. Por poner un ejemplo sencillo, los himnos de los equipos deportivos ayudan a compartir el sentimiento de pertenencia al mismo. Dentro de las relaciones personales más íntimas, debemos saber que la música, en especial la romántica, nos hace más receptivos al amor.

 

Además, la música puede ser una manera de expresión de la identidad. “Dime qué escuchas, y tendré una idea aproximada de tus gustos, tus forma de pensar, tu filosofía…”. Y es que de hecho, las personas pueden llevar al extremo su identificación con un determinado estilo musical, asociando dicho estilo a una forma de ver la vida o a una conducta determinada como podría ser una forma de vestimenta particular.

 

También puede actuar como vehículo incentivador en la realización de determinadas acciones. De hecho, se ha comprobado que la música “más agresiva” y con ritmos “más potentes” puede motivarnos de una manera notable. La utilización de música en la práctica deportiva puede ser uno de los ejemplos más clarificadores.

 

A modo de conclusión, podemos considerar la música como una buena balanza que equilibra nuestra parte más emocional. Y es que en un mundo donde los sentimientos y estados de ánimo opuestos existen, donde lo positivo y lo negativo se enfrentan en casi todas las facetas de nuestra existencia, la regulación de nuestras emociones es indispensable, y en ella la música cumple un papel muy importante y tiene mucho que decir. ¡Que el sonido y el ritmo de la misma duren eternamente!

Escrito por alba.mejia