El poder de ser y querer ser uno mismo: la asertividad.


lynDyjGSR9eR57ouPIEE_IMG_woodsSi hay algo que nos caracteriza a las personas es que somos seres sociales por naturaleza. Sin embargo, no siempre nos resulta fácil desenvolvernos en el mundo de las relaciones o conseguir interactuar entre nosotros con espontaneidad. De hecho, hay quienes necesitan la ayuda de un psicólogo para realizar un buen entrenamiento en habilidades sociales. La asertividad es una parte fundamental de las mismas, y es uno de los primeros aspectos que abordamos en Actio con pacientes que acuden por este motivo de consulta. ¿Y por qué? Porque la asertividad es una actitud esencial para decir lo que pensamos y lo que sentimos de manera adecuada, expresando nuestras preferencias, necesidades y opiniones, a la vez que respetamos a los demás y nos respetamos a nosotros mismos.

¿Significa esto que la asertividad es una varita mágica que nos hace conseguir siempre todo lo que queremos? ¡Por supuesto que no! Pero sí que es una herramienta que nos permite sentirnos bien, dignos, coherentes y justos. Nos ayuda a ser como realmente somos, potenciando la propia autoestima, promoviendo emociones positivas, incrementando las satisfacciones, aumentando las probabilidades de conseguir lo que deseamos y favoreciendo una comunicación libre de malentendidos, más directa, sencilla y honesta con los demás.

 

Las personas asertivas

Lo primero que necesitamos saber al hablar de personas asertivas es que, en verdad, nadie lo es totalmente. Así que, a pesar de que aquí las nombremos como tal, hay que tener en cuenta que lo más conveniente es que nos refiramos a personas que pueden poseer y expresar esta habilidad en mayor o menor medida o con mayor o menor frecuencia.

Ser asertivo no depende únicamente de lo que se dice, sino también de cómo se dice. ¡Todo influye! Las miradas, los gestos, el tono de voz y los movimientos corporales.

 Una persona asertiva…

…se conoce, se respeta, se acepta y se quiere a sí misma.

…se valora y valora a los demás.

…se mantiene fiel a sus propias convicciones.

…defiende sus derechos.

…actúa de forma congruente y auténtica.

…expresa y acepta por parte de otros sentimientos positivos como los elogios, cumplidos y afectos, así como los sentimientos negativos de desagrado o disconformidad.

….habla con un tono de voz firme y transmite seguridad.

 …mira a los ojos y mantiene la cabeza alta.

…adopta una postura relajada, libre de tensiones musculares y orientada en dirección al otro.

…mantiene un espacio interpersonal adecuado.

 

Las actitudes contrarias a la asertividad:

  1. La agresividad.

Es un modo de conducta no asertiva que consiste en no respetar los derechos de los demás, no tolerando sus opiniones, sus ideas o sus intereses. Con frecuencia, manteniendo este estilo de comportamiento, se hieren los sentimientos de la persona con la que se interactúa.

Una persona agresiva…

…parece mostrarse segura de sí misma y comportarse con sinceridad, pero lo expresa de manera inadecuada: siendo hostil, exigente o amenazante.

…cualquier conflicto lo resume en ganar o en perder, e iguala el hecho de ceder a perder.

…se impone por encima de los demás y no se siente responsable de los problemas que provoca.

…descalifica, humilla o es excesivamente sarcástica con la otra persona.

…aunque parezca sentirse bien con esta actitud, a medio/largo plazo obtiene consecuencias muy negativas: alteraciones emocionales o de salud física, deterioro o pérdida de relaciones interpersonales, problemas laborales, etc.

…tiene sentimientos de rabia, culpa, soledad y frustración.

…quiere tener el control sobre las personas y las situaciones.

…habla en términos de “tienes que” o “debes de” y da órdenes.

…emplea un tono de voz demasiado alto o incluso grita.

…mira con desprecio y desafiando.

…adopta una postura intimidatoria, invadiendo el espacio del otro.

 

  1. La pasividad.

Es otro modo de conducta no asertiva que se caracteriza por la inhibición, la sumisión, el retraimiento, la aceptación automática (sin reflexión alguna) de las reglas externas y la concesión excesiva de los deseos ajenos, pasando por alto intereses, necesidades, preferencias y opiniones propias. Los derechos de uno mismo no son defendidos porque hay poco o menos respeto que hacia los de los demás. Se teme herir los sentimientos de otros, se tiene miedo a que se enfaden por la posibilidad de quedarse solo o, simplemente, se desconoce la forma de afrontar determinadas situaciones.

 Una persona pasiva…

…calla en lugar de hablar, por tanto, no expresa sus pensamientos o sentimientos, esperando a que los demás los adivinen.

…piensa que necesita ser querida o apreciada por todos y pretende conseguir su aprobación constantemente, de lo que depende su nivel de autoestima.

…nunca dice que “no” a los demás, no se atreve a rechazar peticiones o se siente culpable si lo hace.

…se siente obligada a dar demasiadas explicaciones y hace lo que el resto espera de ella.

…se deja dominar por otros, ya que siempre considera el criterio ajeno más válido que el suyo propio.

…debido a este “dejarse arrastrar”, se encuentra involucrada en situaciones que no son de su agrado.

…se disgusta y siente una falta de respeto hacia sí misma porque no actúa como realmente desea.

…percibe que el control lo tienen los demás y no se siente dueña de sí misma.

…habla con voz débil y a la hora de expresarse lo hace con vacilaciones, transmitiendo inseguridad.

…mantiene la cabeza baja, llegando a evitar el contacto ocular.

…adopta una postura hundida del cuerpo, con movimientos forzados y poco naturales.

…trata de alejarse del interlocutor y evita situaciones en las que tenga que expresarse.

 

Practicando la asertividad

La asertividad se puede aprender o mejorar; ¡solo necesitas práctica! Se trata de aprender a defender y a respetar tus derechos y los de los demás, puesto que no hay personas superiores o inferiores.

1. Y tú, ¿eres asertivo, agresivo o pasivo?

Lo primero que debemos hacer es identificar qué modos de conducta solemos utilizar con mayor frecuencia y analizar detenidamente qué consecuencias nos suele generar cada uno de ellos.

2. ¿En qué situaciones te gustaría ser más asertivo?

Encuentra en qué momentos podrías utilizar esta forma de actuar y piensa en los beneficios que te generaría hacerlo y qué costes podría suponerte.

3. Si estás decidido a dar el cambio… ¡Ponte manos a la obra!

Empieza a practicar el estilo de comunicación asertiva que anteriormente hemos descrito, en lugares sencillos y con personas de mayor confianza. Se trata de ir afrontando desde las situaciones más fáciles a las más difíciles.

4. ¡Prepárate para posibles ataques del otro!

Lo más normal es que cuando empieces a cambiar tu estilo de conducta, algunas de las personas que están a tu alrededor reaccionen intentando persuadirte para conseguir sus objetivos. Por eso, a pesar de que traten de realizar estratagemas como hacerte sentir culpable o se victimicen, sigue adelante con tu propósito: sé constante y persistente.

5. Y recuerda… ¡Exige tus derechos!

  • Tienes derecho a expresar opiniones, creencias y sentimientos.
  • Tienes derecho a ser tratado con dignidad y respeto, así como a protestar por un trato injusto.
  • Tienes derecho a experimentar, cometer errores y ser responsable de ellos.
  • Tienes derecho a tener éxito y también a fracasar.
  • Tienes derecho a decir “no lo entiendo” y “no lo sé”.
  • Tienes derecho a no justificarte ante los demás.
  • Tienes derecho a no responsabilizarte de los problemas ajenos.
  • Tienes derecho a decir “no” sin sentir culpa.
  • Tienes derecho a pedir lo que deseas, dándote cuenta de que tu interlocutor también tiene derecho a decir “no”.
  • Tienes derecho a cambiar de conducta y de opinión.
  • Tienes derecho a reconocer los logros propios.

 

LA CLAVE RESIDE EN COMPRENDER QUE NUESTRA OPINIÓN ES TAN VÁLIDA COMO LA DE CUALQUIER OTRA PERSONA, QUE NUESTRO TIEMPO ES TAN VALIOSO COMO EL DE LOS DEMÁS, Y QUE TODAS LAS PERSONAS MERECEMOS EL MISMO RESPETO.

Referencias bibliográficas:

ROCA, ELIA (2003). “Cómo mejorar tus habilidades sociales. Programa de asertividad, autoestima e inteligencia emocional”. ACDE Ediciones.

Escrito por alba.mejia