¿Crees en las casualidades?


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Cuando pensamos en alguien y nos llama por teléfono en ese preciso instante.

Cuando hablamos de un tercero y entra por la puerta inesperadamente.

Cuando creyendo haber perdido algo revolvemos toda la casa y no aparece hasta que dejamos de buscarlo.

Cuando nos acordamos de un conocido a quien habíamos perdido la pista durante años y seguidamente nos le cruzamos en la calle.

Cuando visitamos un país extranjero y nos encontramos con gente de nuestra ciudad.

Cuando hablamos con algún amigo de una canción que nos encanta y al encender la radio empieza a sonar.

Cuando intuimos sucesos o soñamos con ellos y luego ocurren en realidad.

Cuando nos salvamos de sufrir un accidente gracias a haber salido con cinco minutos de retraso.

Cuando llegas en el momento justo al lugar adecuado y conoces a quien cambiará tu vida.

 

Si hay algo que siempre acompaña a las casualidades es una reacción de sorpresa y una sensación de cierta incredulidad. Sin embargo, los pensamientos y las impresiones que estas mismas despiertan, cambian mucho de una persona a otra.

 

Mientras hay quienes consideran que se tratan de meras coincidencias aleatorias y no merece la pena dedicarles mayor atención, hay otros que se plantean si el hecho de que ocurran ocasiones tan poco probables llevará implícito un significado más trascendental: ¿es verdad que el Universo conspira para que logremos cumplir nuestro destino?

 

Fredrich Schiller afirmaba que las casualidades no existen y que lo que se presenta como azar, siempre surge de las fuentes más profundas, como si realmente el destino tuviera trazado un plan para nosotros y todo ocurriera por una razón.

 

En esta misma línea, todos conocemos el siguiente proverbio chino: “El aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo”; el cual hace mención a la Teoría del Caos. Esta teoría mantiene que existe un orden subyacente oculto bajo fenómenos aparentemente aleatorios, de forma que se establece una red causal de varios acontecimientos que hacen posible otros. Es así como cualquier pequeña variación en el transcurso de los acontecimientos modifica completamente a aquellos que le suceden.

 

¿Y quién no ha oído hablar de la Ley del Karma o la Teoría de Causa y Efecto donde todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias?

 

Muchas son las explicaciones buscadas a lo largo de la historia para responder ante situaciones tan llamativas como las que aparecen al inicio de este escrito. Aunque, por supuesto, otra alternativa más es negarse a creer en cualquier tipo de significado o finalidad trascendente a la experiencia humana. En esta línea, el sentido se hallaría en orienta la vida del individuo a la persecución de su propio interés y al cubrimiento de sus necesidades.

 

Sea cual sea el pensamiento que adquiera mayor significado para cada uno de nosotros, si hay algo que puede ayudarnos de una manera más práctica en nuestro día a día, es la distinción de dos preguntas básicas: ¿por qué? y ¿para qué?

De poco puede servirnos cuestionarnos con insistencia por qué nos ocurren ciertas situaciones o por qué a nosotros y no a otros, por ejemplo. Esto solo nos provocará sentimientos de victimismo, frustración e impotencia. Por lo que es necesario dar un paso más y elegir una pregunta más adaptativa y esperanzadora: ¿para qué me ha pasado esto? Es así como podremos encontrar nuevas soluciones, desterrando los errores cometidos o los posibles patrones seguidos y que no estaban funcionando.

En definitiva, descubrir la capacidad de transformar el problema en una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

 

 

 

 

Escrito por alba.mejia