Conocer y disfrutar plenamente de la sexualidad. Vaginismo y dispareunia.


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Hasta fechas muy recientes no se han realizado muchos estudios acerca de la sexualidad femenina. Esto, junto al difuso límite que existe a la hora de establecer las diferencias entre una conducta sexual normal o patológica, ha contribuido a que existan diversos criterios para definir o clasificar los problemas sexuales.

La investigación acerca de la sexualidad femenina ha sido olvidada hasta hace poco tiempo. Gracias a las investigaciones realizadas por Kinsey sobre los hábitos sexuales americanos (1948) y las realizadas por Masters y Johnson sobre la respuesta sexual humana (1966) se demostró que la capacidad de respuesta sexual femenina era igual o incluso superior a la del hombre.

Los trastornos sexuales se han dividido tradicionalmente en dos grupos: las consistentes en impulsos sexuales recurrentes e  intensos, fantasías y/o comportamientos que impliquen actividades o situaciones poco habituales; y las disfunciones sexuales que implican una alteración del deseo sexual, cambios psicofisiológicos en el ciclo de la respuesta sexual y/o la provocación de malestar y problemas interpersonales. Posteriormente se ha incluido un tercer grupo, el de los trastornos de la identidad sexual, que se caracterizan por una identificación intensa y persistente con el otro sexo.   

En este artículo nos vamos a centrar en las disfunciones sexuales, especialmente en las relacionadas con la mujer, no obstante, en posteriores entradas de ACTIO se abordarán otras disfunciones.

La disfunción sexual se define como el conjunto de trastornos en los que los problemas fisiológicos o psicológicos dificultan la participación o la satisfacción en las actividades sexuales.

Las disfunciones sexuales pueden deberse a problemas biológicos, conflictos intrapsíquicos o interpersonales (disfunciones sexuales psicógenas) o a una combinación de ambos.

Podemos distinguir dos tipos de disfunciones en función del momento de su aparición. Por un lado, encontramos disfunciones sexuales que han ocurrido durante toda la vida y, por otro, las que aparecen después de un periodo de actividad sexual normal. Asimismo, también se distingue entre las disfunciones que aparecen en cualquier contacto o relación sexual, denominadas “generalizadas”, y aquellas que tienen lugar en situaciones concretas o que se limitan a una pareja específica, llamadas “situacionales”.

Las disfunciones sexuales que aparecen con más frecuencia son los trastornos de la excitación, del orgasmo y del deseo sexual.

Las principales disfunciones sexuales femeninas serían las siguientes: trastornos del deseo sexual, trastornos de las excitación sexual, trastornos del orgasmo, trastornos por dolor, disfunción sexual no especificada,  disfunción sexual debida a condiciones médicas generales y disfunción sexual inducida por sustancias.

El trastorno por dolor o anorgasmia se trata de una de las disfunciones sexuales más frecuentes en la mujer, con una prevalencia de alrededor del 10%.

El desconocimiento del propio cuerpo y de la función genital, en concreto a la función del clítoris, y la eficacia de la estimulación y técnicas del compañero sexual pueden contemplarse como factores influyentes respecto al padecimiento de esta disfunción, así como el miedo a la intimidad unido al temor o rechazo de la pareja; en la anorgasmia femenina Mater y Johnson y Kolondy estimaron que alrededor de un 95% de los casos se debían a factores de naturaleza psicológica como los citados anteriormente. También se consideran factores influyentes relevantes una inadecuada educación sexual, pudiendo existir una asociación del sexo con la inmoralidad o con un sentimiento de culpabilidad, así como expectativas sociales aprendidas respecto al papel de la mujer en las relaciones sexuales (esta debe satisfacer al hombre, incluso se niega que la mujer pueda sentir interés o desear las relaciones). Además, no se han de obviar factores como el temor de la mujer a perder control sobre alguna de sus funciones corporales o a desmayarse, o a la inadecuada estimulación sexual recibida, y la naturaleza de la relación, así como depresión o acontecimientos estresantes en el caso de un trastorno adquirido.

Entre los trastornos por dolor encontramos el vaginismo y la dispareunia. La dispareunia consiste en un dolor genital persistente o recurrente asociado con la relación sexual, mientras que  el vaginismo es el espasmo involuntario del tercio inferior vaginal, persistente o recurrente, que interfiere con la penetración vaginal.

El dolor coital se considera el reflejo inhibidor más potente del deseo sexual, por lo que es importante conocer este tipo de trastornos para poder tratarlos y tener una vida sexual satisfactoria.

Para más información no dude en consultarnos.

 

 Bibliografía
Sexualidad Humana. Una aproximación integral. C. Castelo-Branco. 2005. Editorial medica panamericana.
Introducción a la sexología clínica. Manuel Lucas Matheu y Francisco Cabello Santamaría. 2007. Editorial: Elsevier España, S.A. 

 

Escrito por raquel.delaorden