Adicción al smartphone: ¿es posible?


 

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 A todos nos suenan estas expresiones: “me gusta”, “doble click azul”, “retwittear”, “favorito”, etc.  Hacemos uso de ellas de manera cotidiana, ya que cada vez más nuestro estilo de vida está supeditado al uso diario de diversas aplicaciones instaladas en nuestros smartphones. Pero, ¿cómo afecta a nuestro día a día?

Comencemos hablando de un estudio llevado a cabo en 2011, por Ofcom, ente regulador del Reino Unido para el sector de las telecomunicaciones. Obtuvieron unos resultados que por aquel entonces denominaron como alarmantes, ya que un 15% de los adolescentes admitía leer menos a causa del Smartphone; un 34% afirmaba que lo usaba durante las comidas; el 40% reconoció que lo miraba nada más despertarse; y un 65% usaba el aparato mientras estaba en situaciones sociales. Tras encontrar estos resultados advirtieron de que algo debía cambiar pues se estaba dando un mal uso a las nuevas tecnologías. Pues bien, recién estrenado el 2015 estos resultados nos parecen algo cotidiano, todos conocemos a alguien, o nosotros mismos, que usa el Smartphone en vez de leer un libro, que es lo primero que mira nada más despertar, que come pendiente de él, o lo más común, que asiste a las típicas reuniones de amigos en las que no se habla y cada uno queda recluido a mirar la pantalla de su teléfono.

El teléfono inteligente o smartphone se desarrolla como herramienta para facilitarnos la vida, pero en muchos casos pueden convertirse en un fin y no en un medio. Es importante tener en cuenta que la simple repetición excesiva del gesto con los dedos sobre la pantalla táctil de un dispositivo inteligente puede derivar en trastorno. Pero no nos adelantemos, primero entendamos algo: ¿qué es lo que realmente nos atrae de ellas?

Los dispositivos como los teléfonos inteligentes, cobran atractivo por si solos por diversas razones: la respuesta ante una determinada orden es rápida, las recompensas inmediatas, permiten interactividad global y ofrecen muchas formas de relacionarse con otras personas. En este sentido Twitter y Facebook, entre otras redes sociales, ofrecen al usuario la posibilidad de conseguir visibilidad ante los demás, reafirmar su identidad ante el grupo y mantenerse conectado con amigos o seguidores. Algo muy atrayente si se compara con el terror que producen por lo general la soledad y el anonimato (tema al que le dedicaremos una entrada próximamente). Las redes sociales van más allá de la simple conexión entre personas, en ellas se vuelcan las emociones, se comparte el tiempo libre, se permite manipular la imagen que queremos ofrecer de nosotros mismos, etc. todo ello, eso sí, bajo la protección que ofrece la pantalla. Son numerosos los recientes estudios que muestran la relación ente el aumento de autoestima, en función de la lista virtual de amigos en las redes sociales.

Pero si todo es tan atractivo, ¿qué tienen de negativo?

El diseño de las aplicaciones de mensajería instantánea o las redes sociales favorecen de alguna manera su uso abusivo. La llegada de mensajes es continua si tenemos conectado el teléfono a la red, en relación a ello, cada vez, es más frecuente la ansiedad generada por la entrada de correos electrónicos relacionados con el ámbito laboral, no permitiendo respetar los horarios de descanso. Por otro lado, las diferentes aplicaciones como Whatsapp propician conductas controladoras, ya que se sabe si un individuo se halla en línea o a qué hora se ha conectado por última vez con solo echarle un vistazo al dispositivo. Por no hablar de la última actualización que permite saber si el mensaje ha sido leído o la llamativa pérdida de intimidad que conlleva la posibilidad de copiar y pegar los mensajes de terceros.  Antes para espiar a alguien había que esforzarse mucho, hoy en día cada vez es más sencillo. Junto al aumento del uso de la mensajería instantánea ha aumentado el número de malentendidos, peleas o discusiones por una razón tan obvia como no entender el tono irónico de un mensaje. No olvidemos que también puede originar problemas de exclusión social cuando una persona ve que no la incorporan a un determinado grupo, o es víctima del cada vez más habitual bullying cibernético.

Leyendo estas líneas es normal pensar que no es para tanto, pero parémonos a pensar, ¿cuántas veces nos hemos sentido presos de mirar la pantalla, abrir las aplicaciones una y otra vez esperando una determinada respuesta? Es justo esa práctica excesiva del hábito unida a sus consecuentes la que puede acabar en una adicción u ocultar problemas personales, familiares o psicopatológicos subyacentes.

Entonces, ¿todos somos adictos?

Como en todo, no debe confundirse el mal uso de estas tecnologías con la adicción a ellas. Diversos fenómenos advierten que realmente nos encontramos ante una adicción: pérdida de control asociada al uso excesivo, síntomas de abstinencia (ansiedad, depresión, irritabilidad) ante la imposibilidad temporal de acceder a la red (perder o dejarse el móvil, no tener cobertura, etc.), estableciendo así un estado de tolerancia con necesidad de aumentar el tiempo de conexión para sentirse satisfecho, repercutiendo de forma negativa en la vida rutinaria.

Las consecuencias del uso abusivo de un teléfono inteligente suponen, asimismo, una diversidad de efectos negativos: existe una focalización atencional en torno al dispositivo y sus aplicaciones, se reduce la actividad física y no se es capaz de diversificar el tiempo e interesarse por otras actividades, y acaba afectando a  todas las parcelas personales: familia, salud, amigos, escuela y relaciones sociales. En definitiva, la dependencia y un estilo de vida que favorezca el mantenimiento del hábito, conforman el núcleo central de la adicción.

¿Qué se puede hacer?

En el caso de estar ante una adicción a estas tecnologías es necesaria la intervención mediante tratamiento psicológico. Pero desde ACTIO nos gustaría terminar esta entrada dando algunos consejos de cómo hacer un uso inteligente del Smartphone y prevenir así la aparición de este tipo de adicciones y posibles problemas asociados. Algunas pautas a seguir son:

  • Cuidar las relaciones interpersonales cara a cara. Para ello, evitar dejar el móvil encima de la mesa o en las manos cuando estamos manteniendo una conversación.
  • Respetar las horas de sueño apagando o desactivando cualquier alarma que pueda generar un estado ansioso o interrumpir el descanso.
  • Planificar actividades diarias en las que el uso del smartphone sea incompatible como practicar deporte, actividades de ocio, encuentros sociales, etc.
  • Configurar nuestra intimidad de forma adecuada. No mostrar datos personales o comprometidos.
  • Y por último, establecer unas reglas personales sobre el uso de cada aplicación. Impidiendo así que se conviertan en un “fin” y no en un “medio”.

Esperamos que os haya resultado de interés y utilidad. Para cualquier duda o comentario no duden en ponerse en contacto con nosotros.

Escrito por santos.solano