Primeros pasos ante el abuso sexual infantil


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Podemos definir el abuso sexual infantil como la participación de niños y/o adolescentes, dependientes e inmaduros, en actividades sexuales que no están en condiciones de comprender, que son inapropiadas para su edad y su desarrollo psicosexual, para las que son incapaces de dar su consentimiento y que transgreden los tabúes y las reglas familiares y sociales (Kempe, 1978).

Hay que destacar que el abuso no solo incluye conductas como la agresión sexual sino también hacer que los menores toquen los genitales del adulto, tocar sus genitales, ver pornografía con el menor, desnudarse o masturbarse frente él o ella.

El conocer que una persona querida y vulnerable ha sido abusada sexualmente produce angustia e inseguridad y por tanto puede ser difícil controlar nuestra respuesta. Estar informado y prevenido hace que podamos conseguir mostrarnos serenos y seguros cuando un menor nos relata el abuso que ha sufrido. Los menores perciben y se contagian fácilmente de las emociones de las personas que quieren, con la diferencia de que ellos no tienen aún las habilidades para poder regular esas emociones. Si sienten angustia o piensan que están haciendo daño a las personas que quieren, pueden ocultar o rectificar lo que han contado. Por ese motivo hay que destacar su valentía al pedir ayuda y contar algo que les preocupa. Las personas que les quieren necesitan saber si tiene algún problema para poder ayudarles.

El abuso sexual infantil es un fenómeno difícil de detectar ya que los menores no presentan síntomas específicos que puedan asegurarnos una detección eficaz y rápida. Incluso en los indicadores físicos tampoco podemos establecer una relación directa ya que por ejemplo una infección puede ser causada por otros motivos y por tanto es imprescindible recurrir a un especialista para poder determinarlo. Solo podemos valorar distintos indicadores o síntomas, especialmente psicológicos o psicopatológicos, que pueden ser indicios para personas cercanas al niño. La dificultad reside en que estos indicios son compatibles con otras patologías o enfermedades, por lo que tampoco son determinantes. Estos indicadores, únicamente, plantean el abuso como una posibilidad. Los más comunes son la tristeza y el aislamiento del niño, las conductas sexualizadas – masturbación compulsiva o comportamientos que no pertenecen al nivel evolutivo del niño- y síntomas de estrés postraumático como pesadillas o pensamientos recurrentes sobre el acto.

La respuesta de familiares o allegados cuando conocen o sospechan de que un niño ha podido ser abusado, es fundamental. El principal mensaje que hay que transmitir es que su petición de ayuda va a ser tenida en cuenta y se van a dar pasos para protegerle. Esa respuesta es un factor de protección importante para su posterior recuperación. El menor que se sienta escuchado y comprendido tendrá la fuerza suficiente para poder contar lo ocurrido a otras personas. El posterior proceso de investigación y el proceso judicial no van a ser fáciles, por eso necesitamos que pueda ser atendido por profesionales especializados cuanto antes y que tenga el coraje y el apoyo suficiente.

Es probable que el menor no cuente todo desde el primer momento porque puede no entender bien lo que le ha ocurrido o porque tiene miedo. Si lo que cuenta ya nos hace sospechar, realizar un interrogatorio es perjudicial. Es fácil sesgar su recuerdo de lo ocurrido y más, cuanto más corta es su edad. Sin pretenderlo, incluso podemos añadir un mensaje que le culpabilice. Hacer preguntas como “¿Y tú qué hiciste entonces? ¿No podías gritar?” transmiten de forma indirecta la responsabilidad de lo ocurrido al menor. El culpable es la persona que en ese momento tenía el poder y ese era el abusador. Esa persona era consciente de todo lo que estaba haciendo y que estaba aprovechando la confianza de un menor vulnerable.

La mejor forma de reaccionar ante el relato del abuso es escuchando con calma y abiertamente sin completar con nuestras palabras los posibles vacíos del relato ni  apresurarse a conocer todo. Si utilizamos preguntas abiertas como “¿Qué sucedió? ¿Y después?” y reforzamos diciendo “Está bien que me digas más” conseguiremos que el menor pueda ir relatando sin sentirse presionado.

Es habitual que ante la revelación del abuso también pueda aparecer el odio y las ganas de venganza en la persona que escucha el relato de su hijo/a o familiar. Emociones que son comprensibles pero que crean un clima de tensión y provocan miedo en la víctima. El abusador ha podido amenazar al niño de que si cuenta lo ocurrido todo va ir peor, destruirá la familia y hará daño a los que quiere. Cuando el menor ve que esto empieza a ocurrir porque los demás se enfadan, puede arrepentirse y retractarse.

El abuso sexual es un delito y por tanto es un hecho denunciable. La denuncia implica una forma de protección a la víctima y por tanto necesitamos aportar todas las pruebas posibles para que salga adelante. Ya en los primeros momentos de la sospecha es fundamental apoyarse en profesionales especializados que puedan guiarnos en los pasos que hay que dar. En algunos casos puede ser más adecuado acudir primero a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y en otros a un centro sanitario, preferiblemente, un Hospital con una unidad especializada. La Fundación ANAR es una de las organizaciones de referencia que cumple ese papel y ofrece el primer apoyo y orientación a los allegados de la víctima para determinar qué pasos hay que dar. Gestiona tanto el teléfono del Menor como el teléfono de Adulto de referencia para menores que puedan encontrarse en una situación de riesgo.

Si tiene cualquier duda o comentario puede ponerse en contacto con nosotros.

Fuentes consultadas:

Horno, P., Santos, A. y Molino, C. (2001). Abuso sexual infantil: manual de formación para profesionales. Madrid. Save the Children España.

Kempe, C. H. (1978). Sexual abuse, another hidden pediatric problem, the 1977 C. Anderson Aldrich lecture. Pediatrics, 62, 382–389.

Bendicho E. (2007) .La detección y notificación en casos de abuso sexual infantil en Aragón. Zaragoza. Comunidad Autónoma de Aragón.

Escrito por mateusz.k